LO QUE TE HIZO ENGORDAR FUE EL SÍNDROME DEL ABANDONO

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LO QUE TE HIZO ENGORDAR FUE EL SÍNDROME DEL ABANDONO

Quiero hablarte a ti….Y decirte, que ni una alimentación deficiente, ni la falta de ejercicio han provocado tus kilos de mas.

Lo que te hizo engordar fue el miedo, el sentimiento de abandono, la falta de amor, la desvalorización, la desprotecciòn, todo esto lo expresaste en impulsos inconscientes, y ellos se manifestaron como hábitos alimenticios deficientes.

Ten en cuenta que la finalidad de las experiencias dolorosas no es perdurar, sino enseñarnos su lección y luego disolverse… Sin embargo como tu sistema de drenaje emocional esta averiado, has tratado, inconscientemente, de deshacerte de esos pensamientos y sentimientos por medio de la digestión, diciendo:

SI NO PUEDO PROCESAR MI TRISTEZA, QUIZÁ ME LA PUEDA COMER, SI NO PUEDO PROCESAR MI IRA, QUIZÁ SEA CAPAZ DE ENGULLIRLA….

Ese exceso de peso desaparecerá cuando ese niño interior que aun vive en el cuerpo del adulto, creciendo a través de la grasa, para ser reconocido y protegido por el adulto y se de cuenta que el miedo pertenece al pasado y que ahora esta a SALVO…

Ese niño interior dejara de crecer en forma de grasa corporal…

Quiero que sepas que la grasa es una expresión física de tu necesidad de poner distancia con los demás, esta grasa ha sido un muro para protegerte, una barrera, que tu mismo has creado.

Te propongo que derribes los ladrillos de ese muro de grasa, para así darle paz y libertad emocional a tu niño interior…

Esos ladrillos hoy, ya no te sirven, esos ladrillos que tienen nombre y se llaman: Vergüenza, Rabia, Miedo, Rencor, Injusticia, Protección, Separación, Agotamiento, Estres, Complejo de inferioridad.

La grasa que te quitas de encima había penetrado en tu consciente antes de acumularse en tu cuerpo, y cuando el peso desaparezca de tu mente, abandonara también tu cuerpo….

El miedo al abandono se manifiesta tanto en niños como adultos.Ahora bien, es común que aparezca en combinación con otros síntomas de ansiedad. Podemos estar ante un temor puntual y comprensible o podemos, por el contrario, estar ante un trastorno psicológico.

Ahora bien, cabe señalar que la angustia de abandono forma parte habitual de una etapa de nuestro desarrollo. Entre los 8 y los 14 meses, los bebés, suelen experimentar este temor al sentirse separados de sus progenitores. Es una fase como decimos normal y que irá despareciendo a medida que el niño madure y adquiera mayor autonomía.

Por otro lado, tal y como nos señala un estudio llevado a cabo en la Universidad de Dundee, en Reino Unido, esta angustia permanente  y obsesiva por temor a ser abandonados, suele aparecer en edades adultas cuando se manifiesta el trastorno límite de la personalidad (TLP o ‘borderline’).

Hablamos por tanto de perfiles donde ese miedo es permanente y aparece a su vez con conductas desadaptativas que afectan a la calidad de vida de la persona y de su entorno. Experimentar angustia de abandono de manera puntual, no supone por tanto ningún problema.

Formas de la angustia de abandono

La angustia de abandono se presenta bajo dos formas: apego por ansiedad y apego al abandono. En la primera, que es la más típica, hay una fuerte dependencia hacia una persona amada y cualquier asomo de separación es experimentado con fuertes dosis de ansiedad.

En la segunda, ocurre todo lo contrario: la persona se obsesiona con ser independiente y evita cualquier situación que pueda llevarla a lazos afectivos demasiado profundos.

La situación suele tener su origen cuando los cuidadores del pequeño no pueden, o no quieren responder como figura protectora frente a los miedos que el pequeño experimenta. Ante esta circunstancia el niño puede crecer de dos formas:

Sigue durante toda su vida buscando el afecto y los cuidados que no tuvo durante su infancia.
Reacciona defensivamente y se torna distante y desconfiado para no volver a sentir esos vacíos que lo lastimaban cuando era pequeño.

En la vida adulta la angustia de abandono se manifiesta principalmente en el terreno de la pareja. Las personas tendemos a repetir los patrones de relación que tuvimos con nuestros padres y es por eso que los temores y expectativas infantiles entran nuevamente en escena.

“Hay una historia detrás de cada persona. Hay una razón de por qué son lo que son. No es tan solo porque ellos lo quieren. Algo en el pasado los ha hecho así y algunas veces es imposible cambiarlos”

-Sigmund Freud-

Casi siempre hacen su aparición de manera inconsciente, es decir, no nos damos cuenta de que muchos de nuestros comportamientos obedecen a esas experiencias de infancia, sino que pensamos que forman parte de un presente sin nexos con ese pasado lejano.

Los ecos del abandono

Del 40% de niños que experimentan angustia de abandono, un 4% llega a extremos preocupantes. Es el caso de los pequeños que ante una tardanza de la llegada del progenitor, entran en pánico y construyen terribles fantasías en torno a esa demora. Piensan frecuentemente en la posibilidad de que su madre o su cuidador, sufra un incidente y le abandone.

Aparecen también muchas manifestaciones físicas. Sienten dolor de estómago, o tienen vómitos y sensaciones de ahogo. También se vuelven frecuentes las pesadillas y experimentan temores nocturnos, miedo a la oscuridad y una inquietud permanente.

Angustia de abandono en adultos

Los adultos con angustia de abandono viven también esos síntomas varias veces a lo largo de su vida. Generalmente cuando entablan una relación amorosa.

Casi todos son reticentes a enamorarse.
Algunos de ellos dan el paso y después desarrollan una fuerte dependencia de su pareja.
Se vuelven controladores, necesitados de llamar la atención en todo momento y extremadamente sensibles a cualquier expresión de autonomía por parte de su cónyuge. Se aferran a quien “aman”, de una forma que suele asfixiar al otro.

En otros casos optan por tener relaciones intrascendentes con varias personas a la vez. Hay desconfianza y se desprecia a los demás con el propósito de no desarrollar vínculos íntimos.

La angustia de abandono es una situación que demanda ayuda profesional para lograr que se hagan conscientes esas estrategias de comportamiento que en realidad no forman parte de “la manera de ser” de una persona, sino de un conflicto de infancia no abordado

Para concluir, solo cabe señalar que en caso de experimentar este tipo de realidad, no debemos dudar en solicitar ayuda profesional. Enfoques como la terapia cognitiva conductual o la conductual dialéctica suelen ser muy efectivas en estos casos.

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