Si tú has sufrido un ataque de panico, entonces sabes que en esos momentos sientes como que te vas a irse. Tu corazón se acelera, y todo tu cuerpo empieza a temblar, y tu cerebro, a mil por hora, sufre un pensamiento ansioso tras otro.

Todo va subiendo de intensidad, llega a una cúspide, y luego, poco a poco, te empiezas a calmar. El ataque pasó, igual que los anteriores, pero dependiendo de en dónde te encuentres, puede resultar embarazoso (si estás, por ejemplo, en un restaurante) o hasta peligroso (si vas manejando, y no hay dónde orillarse).

Controlando un ataque de pánico

Lo primero que hay que hacer es volver a entrenar a tu cuerpo a respirar de una manera más eficiente, porque tu respiración afecta al desarrollo del ataque de pánico.

Numerosos estudios han demostrado que la mayoría de los síntomas de ataque de pánico no provienen de la adrenalina, sino de la hiperventilación. La hiperventilación es cuando tu cuerpo libera demasiado dióxido de carbono, y por lo general, se debe a que tú estás respirando muy rápido, pero en algunos casos puede ocurrir porque usted está respirando aire en demasiada cantidad.

Las personas en medio de un ataque, o respiran rápido porque están en medio del “pánico”, o tratan de tomar respiraciones muy profundas porque sienten que lo requieren.

Pero esto en realidad empeora las cosas, porque uno de los síntomas de hiperventilación es que no puedes “jalar” el aire suficiente, y esto hace que desees, naturalmente, respirar más, y esto a su vez hace que la hiperventilación se haga más profunda y el ataque se intensifique.

Otros síntomas de hiperventilación juegan un papel clave en los eventos de pánico:

Dolor en el pecho

Mareo

Respiración agitada y poco profunda

Brincos de los músculos

Dificultad para concentrarse

Taquicardia (latidos rápidos y fuertes)

Cualquier persona que ha tenido un ataque de pánico reconoce estos síntomas, y es por eso que es tan importante controlar y prevenir la hiperventilación. Tú puedes hacerlo de dos maneras:

Trata de respirar más lentamente

Entrena para que, justo cuando creas que vas a tener un ataque de pánico, hagas más lento tu ritmo de respiración: Respira durante al menos 5 segundos, mantén el aire durante 2 o 3 segundos y exhala durante al menos 7 segundos. Asegúrate de que estás respirando por la nariz y, o bien o a través de los labios fruncidos, apretados, como si estuvieras silbando. Esto quizá no llegue a impedir por completo el ataque de pánico, pero sí lo hará menos fuerte.

Los eventos de pánico son algo real, y mucha de las personas que los sufren no saben de qué se trata, o se avergüenzan de ello y tratan de ocultarlos, porque creen que los hace parecer débiles ante los ojos de los demás, y por eso evitan buscar ayuda médica.

Si tú sufres de este problema, entonces es muy recomendable que asistas con un médico psiquiatra, porque es algo que se puede controlar. Pero, por lo pronto, espero que los consejos en este artículo te sirvan de apoyo.